"EL GIRASOL.LOS LÍMITES DEL PERDÓN."
Lucía María Díaz Sánchez - 1BachC
RESUMEN
El libro trata sobre la historia de un arquitecto recluido en Lemberg llamado Simón, quien pasaba sus días en pésimas condiciones junto con Arthur y Josek, entre otros. Se encontraban en un campo de concentración y se veían forzados a trabajar en vías de ferrocarril. Un día fueron llevados a un hospital, que era un antiguo instituto tecnológico (donde Simon estudió arquitectura). De camino a él, pasaron junto a un cementerio peculiar, en el cual había un girasol en cada tumba; girasoles que conectaban la vida con la muerte; girasoles que él y sus compañeros no tendrían el día de su muerte; girasoles que quedaron grabados en la mente de Simón.
Una vez en el hospital, todos se dirigían a descansar cuando Simón fue llamado por una enfermera. Ésta le preguntó si era judío y, a consecuencia del asentimiento de Simón, se dirigieron a una habitación recorriendo los pasillos de aquel edificio; pasillos llenos de nostálgicos recuerdos para Simón sobre su época de estudiante. Al mismo tiempo que Simón recordaba dichos momentos de su pasado, hacía un gran esfuerzo para seguir caminando y evitar la tentación de huir, pues sus compañeros podían llegar a la conclusión de que había escapado.
Pero su idea de correr y dirigirse junto a sus compañeros acabó, aunque no completamente, cuando la enfermera le obligó a entrar en la habitación en la cual se situaba, en medio de la penumbra, un nazi de tan solo 21 años llamado Karl; un nazi que se encontraba al borde de la muerte y que decidió contarle a Simón todas las atrocidades que había cometido en su corta vida. Simón no supo quién era al principio, pues le era imposible reconocer aquella silueta formada por una cabeza completamente vendada. Sin embargo, eso no influyó en el comportamiento de Simón cuando el enfermo le pidió que le perdonara sus actos en nombre de todos los judíos, pues éste tan sólo quería morir en paz.
Fue entonces cuando lo único que condicionó el comportamiento de Simón fue su incapacidad para responder. Simón corrió para avisar de lo ocurrido a sus compañeros, quienes pensaron que había hecho lo correcto. Al día siguiente, le comunicaron a Simón la muerte de aquel nazi y su decisión de dejar pertenencias como herencia para Simón, pero fueron rechazadas.
A partir de ese día todo cambiaría. Simón no podía olvidar aún los girasoles, sus compañeros más cercanos (Arthur y Josek) fallecieron y él no hacía más que pensar en si había hecho bien tomando aquella decisión con respecto al nazi. Esto lleva a Simón a visitar a la madre del joven alemán; una madre sin conocimiento alguno de lo que había hecho su hijo en la guerra; una madre que recibió el silencio de Simón (que decidió no contarle tales atrocidades), pues Simón se encontraba en un bucle de intranquilidad.
OPINIÓN SOBRE EL LIBRO
Mi opinión puede parecer muy común, pero creo que no soy la única que piensa que el libro ha sido interesante a la par que estremecedor. El hecho de pensar que han ocurrido realmente estos casos e incluso peores, es escalofriante. El libro sigue un hilo bastante bien elaborado; no ha sido el típico libro de interminables páginas con un simple, esperado y trágico final. Ha sido tan bueno que el escritor ha conseguido que gente como yo, interesada en libros de otros géneros, hayamos estado ansiosos por saber el final a medida que avanzabamos en el relato. El autor nos hace ponernos en situación, lo que puede llegar a ser (como ha sido mi caso) conmovedor. Incluso me atrevo a decir que entender el pasado, ser tan empática como el autor me ha hecho ser y tener que dar mi propia respuesta al dilema moral, me ha influido personalmente en la actualidad a la hora de tomar decisiones.
OPINIÓN DEL AUTOR ELEGIDO
El autor que he escogido se llama Dith Pran, un fotógrafo camboyano más conocido como un refugiado que sobrevivió al Genocidio camboyano. Él presenció la muerte tanto de su familia como de sus amigos y compañeros, quienes murieron a causa del hambre, por asesinatos o fueron raptados. Sufrieron sus seres cercanos, sufrió él y sufrió todo aquel que quisiera mejorar Camboya. Sin embargo, aunque sin excusar sus acciones, Pran entiende y perdona a los soldados que ejecutaron lo ordenado por los Jemeres Rojos; los verdaderos culpables para él. Afirma que a los soldados les habían lavado el cerebro y tan solo tenían miedo de morir. También critica la continua masacre sin final llevada a cabo por los Jemeres Rojos, pues hacían semejantes actos sin objetivo coherente y su familia seguiría viva de no ser porque decidieron continuar con los maltratos sin sentido aparente. En conclusión, cree que los líderes y los soldados no tienen mucho en común, y se ve reflejado en la frase “necesitamos considerar por separado a los auténticos culpables de sus instrumentos, a los cerebros del plan de los ejecutores”.
OPINIÓN PERSONAL SOBRE EL AUTOR ELEGIDO
Para Dith Pran, los verdaderos culpables de los malos actos no son los ejecutores, sino los líderes. Sin embargo, en su opinión menciona que quienes les encerraban y asesinaban, es decir, los ejecutores, no sentían compasión por ellos, como si les diera igual. Pran justifica ese comportamiento debido a que tenían miedo a morir, y ahí me pregunté: ¿prefieren vivir toda una vida recordando las muertes que provocan a diario antes que morir al negarse a asesinar inocentes? Dicho así parece una pregunta demasiado radical y descabellada, pero pensándolo bien, si me pongo en la piel de uno de los ejecutores, creo que tarde o temprano terminaría yo misma con mi vida; no aguantaría ejecutar tantas atrocidades solo por tener yo una vida medio digna. No sería solamente egoísta, sino que mi comportamiento sería inconcebible. Por tanto, los ejecutores asesinan por egoísmo y porque quieren; no hago distinción entre líderes y ejecutores, y teniendo en cuenta que el nazi enfermo del libro es un ejecutor, no le perdonaría. Pues él pide perdón por estar arrepentido de todos los actos cometidos; actos que hizo porque quiso. Si en el momento en el que fue escogido como ejecutor se hubiera negado, le habrían matado. Sin embargo, por “miedo” a su propia muerte, decidió seguir órdenes. Es curioso que alguien le tema a la muerte pero no a matar, ¿verdad?.
Yo no creo que el ejecutor realmente mate porque así lo desea.No niego que en muchos casos sea por ese motivo,pero realmente al nazi moribundo se le nota que en ningún momento estuvo de acuerdo con realizar aquellas atrocidades aunque no se negarse a realizarlas. Simplemente era un hombre que había hecho lo que su patria consideraba que debía hacer.
ResponderEliminarEstoy de acuerdo con tu postura ante la situación. Por muy arrepentido que estuviese el moribundo nazi, había sido decisión suya realizar todas esas acciones. Y no sólo eso, sino que toda su vida estuvo apoyando una causa cuya verdadera naturaleza no vió hasta el último momento. Por muchos remordimientos que haya sufrido en sus últimos momentos, lo hecho, hecho está.
ResponderEliminarEstoy de acuerdo con tu postura ante la situación. Por muy arrepentido que estuviese el moribundo nazi, había sido decisión suya realizar todas esas acciones. Y no sólo eso, sino que toda su vida estuvo apoyando una causa cuya verdadera naturaleza no vió hasta el último momento. Por muchos remordimientos que haya sufrido en sus últimos momentos, lo hecho, hecho está.
ResponderEliminar