Los lÍmites del perdón Ignacio Alcaraz Ruiz 1ºBach C
Resumen del Libro
Esta historia tiene como protagonista a Simon Wiesenthal que era un judío atrapado en un campo de concentración de Lemberg y se debate sobre si debe perdonar a un soldado que se arrepintió con él minutos antes de su muerte. La época sobre la que narra la historia fue cuando Hitler y los alemanes cogían cautivos a los judíos obligándolos a realizar tareas laboriosas de mucho esfuerzo con poca remuneración, ya que vivían con lo más simple y con la mínima comida para sobrevivir. Esto era la vida en los guetos. A menudo se iba recurriendo a la matanza de los judíos por parte de los alemanes enviándoles hacia a la tubería a aquellos que no servían para realizar el trabajo y se encontraban en pésimas condiciones laborales. Allí cuando existía un número mínimo de judíos procedían a exterminarlos. No siempre era por esas razones por las que se les mataba, también podría darse por la simple diversión o entretenimiento de los soldados o por un mal día de ellos.
Simon, nuestro protagonista, no se encontraba solo en dicho campo de concentración de Lemberg, sino que contaba con la compañía de Arthur y Josek, sus dos amigos. Arthur había sido amigo suyo desde toda la vida y se caracterizaba por presentar una personalidad chulesca y desconfiada hacia las cuestiones debatidas allí y su respuesta de una manera irónica y de humor cuanto menos. Josek era una persona más tranquila, seguro de si mismo y con una fe capaz de escalar montes. Simon lo conoció allí en el campo de concentración y le sorprendió esa visión tan optimista que tenía sobre su existencia. Josek, las cuestiones planteadas por Simon, las respondía cómodamente y aumentaba el grado de confianza del mismo para seguir aguantando las desigualdades que se presentaban en dicho lugar. Arthur y Josek se peleaban normalmente por simples preguntas que hacían referencia a su futuro, ya que poseían diferentes puntos de vista y les llevaba a establecer numerosas discusiones, para nada agresivas pero relativamente intensas.
En algunas ocasiones sus respectivos caminos se separaban debido a las diferentes labores que eran obligados a desempeñar. Muchas veces, Simon era llevado para trabajar hacia una zona libre en los ferrocarriles del este donde aspiraba libertad y contaba con unos días de mayor comodidad al descansar y trabajar lejos del campo. No siempre había suerte y era desviado de sus amigos en diferentes grupos aunque en ocasiones sucedía lo contrario. Simon nunca estuvo seguro de su pervivencia en dicho campo pero a medida que transcurrían los días se veía obligado a soportar las regulares ejecuciones practicadas por soldados de las SS, y eso frustraba sus ganas de vivir, tornando su pensamiento hacia una posible muerte cercana.
Un día fue enviado a emprender un destino diferente desconocido por él y observó un cementerio el cual contaba con una peculiaridad. Esta era la presencia de girasoles encima de las tumbas respectivas de cada soldado fabricador de hazañas malignas. Esto no era del agrado del mismo y teorizaba sobre la razón por la cual ellos que realizaban dichas actuaciones y tomaban esas conductas podían precisar en un futuro de uno de esos girasoles que le permitiese comunicarse con el resto de tumbas. Y, en cambio, él sin haber hecho nada del desagrado de la sociedad no poseería dicho privilegio por la sencilla razón de ser un esclavo judío sin derechos. A menudo solía plantearse la existencia de un Dios que lo regulase todo, a pesar de ser judío. No podía imaginarse que la fuerza suprema en la que creía no hiciese nada para evitar estos despropósitos que estaban realizando los alemanes en la sociedad sobre una raza la cual la reputaban desigual por el simple hecho de presentar unas creencias contrarias a ellos. Tras de la llegada de una noticia procedente de fuera del campo de concentración relatada por Josek pensó que su hipótesis anterior sobre Dios podía llegar a ser cierta. Esto fue que Josek oyó conversar a una anciana sobre la existencia de Dios diciendo que él ya había abandonado este mundo y se encontraba “de permiso” sobre el. Esto hizo que disminuyese en mayor medida las esperanzas de Simon sobre su posible salida del campo.
El recorrido emprendido anteriormente donde diviso aquellos girasoles le llevó hacia el Instituto de Tecnología en el que el había pasado tantos años de su vida estudiando, el cual ahora era un hospital para enfermos ,y Simon lo conocía como la palma de su mano. Cuando se encontraba realizando su trabajo comandado por los soldados alemanes, una enfermera le dirigió hacia una habitación de dicho lugar, donde yacía en la cama un viejo y moribundo soldado de las SS que se encontraba en pésimas condiciones para subsistir mucho más tiempo. Presentaba un aspecto desagradable de visionar con los ojos vendados de los cuales sobresalía un líquido amarillo. Este soldado, llamado Karl, se abrió con él, contándole una enorme historia sobre su vida y cómo había llegado hasta ahí. Mostrando claros gestos de arrepentimiento hacia las actuaciones que había realizado él cuando cargaba como soldado. Ese soldado se dirigió hacia Simon, ya que lo veía como un claro ejemplo de la representación de la situación judía y lo veía como la mejor opción para quedarse tranquilo y descansar en paz en vísperas de su fallecimiento. A pesar de poseer de muestras claras de arrepentimiento, Simon deseando que acabase su historia, salió de aquella sala de la manera más rápida posible sin dedicar mueca alguna ante las palabras pronunciadas por el moribundo.
Este impulso que tuvo Simon de salir huyendo de aquella sala lo antes posible será el desencadenante de muchas noches en vela, y muchas vueltas de cabeza sobre cómo debería haber actuado ante aquella situación. Ante la duda preguntaba hacia sus amigos los cuales le felicitaban por no haberlo perdonado ya que lo consideraban inhumano. Al cabo de unos días Simon fue enviado de nuevo a realizar diferentes labores al hospital al que anteriormente había acudido. De nuevo la enfermera se precipitó adentrandole hacia una sala escondida donde propuso darle los obsequios de el moribundo, el cual hace poco había fallecido y quiso dejarle sus únicas pertenencias restantes a él. Simon no aceptó dichas pertenencias y se escabulló de nuevo lo antes posible de las manos de la enfermera sin dejar tiempo de reacción de ella. Pero antes de irse pronunció que les fuesen enviadas a la madre del moribundo que le haría más falta para recordar a su hijo el precisar de ellas.
Esto desencadenó más vueltas en la cabeza por parte de él sobre si debería haber perdonado a aquel hombre y si había hecho lo correcto. A medida que pasaban los días sus amigos murieron y Simon quedó por ser el último superviviente de ellos. Fue pasando por varios campos de concentración debido a la presión ejercida por los rusos donde conoció a un sacerdote que le dejó mucho más tranquilo sobre esa acción de perdón que tuvo o no que haber realizado ante aquel moribundo llamado Karl. Cuando el pensaba que llegaría a morir en un campo de concentración de Auschwitz, la guerra finalizó y acabó siendo liberado. Una vez liberado se apuntó en una asociación la cual investigaba distintos crímenes nazis. Su vida transcurrió de manera tranquila hasta que un día fue al campo junto a su esposa y sus amigos donde disfrutando del paisaje que se divisaba en aquel lugar, encontró un girasol que le hizo desplazar su mente hacia un recuerdo no muy próximo anteriormente relatado y las dudas empezaron a generarse de nuevo en su cabeza.
Se vió obligado a visitar la ciudad donde residía la supuesta madre de Karl, el moribundo. Cuando se encontraba allí su madre sin problema alguno y con rostro de desesperación fue enseñándole retratos de su hijo a medida que poco a poco se iban adentrando en la casa. Su madre le confesó su creencia católica antes de haber sido alistado en el ejército, como también la buena relación que ambos poseían y la no tan buena con su padre. Karl no se atrevió a abrir la boca para relatarle una de las malas hazañas ejecutadas por su hijo en tiempos pasados ya que su madre se posicionaba con toda confianza diciendo que durante toda su vida fue una persona ejemplar, y que todas las maldades que se rumoreaban eran completamente falsas. Finalmente Simon abandonó la casa de la señora sabiendo que ella era una buena persona y no se merecía escuchar eso sobre su hijo al que le tenía tanto aprecio.
Simon siempre se estuvo planteando sobre si el no perdón y el silencio mostrado hacia Karl fue la mejor opción y nos deja a modo de pregunta la cuestión sobre qué hubiéramos hecho nosotros estando en su lugar.
Opinión del autor Primo Levi
Primo Levi sostiene que debido a la situación en la que se encontraba el mundo en aquella época era de total dificultad diferenciar sobre lo que está bien y lo que está mal. Claramente Simon en la historia se encontraba bajo terror constante por su posible muerte y esto dificulta aún más las cosas. y se le hacia demasiado complejo el decidir sobre cuál hubiera sido la mejor opción a desempeñar frente al moribundo.
Por lo tanto Primo Levi llega a la conclusión de que el protagonista hizo lo correcto no ejerciendo ese perdón hacia Karl debido a que en el caso en el que le hubiera perdonado habría creado una mentira mayor y se hubiera sentido mal dentro de si por haber hecho aquel acto llegando a generar violencia en su interior.
Para el nazi haber recibido el perdón de Simon habría sido una sensación de alivio y de obtención de una conciencia mucho más tranquila después de divisar que un judío, en este caso representante de ellos, le aceptó su disculpa. Mientras que para Simon únicamente hubiese generado dudas, ya que el no ha hecho nada malo ni ha practicado ningún tipo de crimen para sentirse mal consigo mismo.
Además Primo Levi habla de la acción en la que el soldado de las SS se encuentra en una posición inferior a Simon en dicho momento y como consecuencia de ello habría generado esa sensación de impotencia como para mostrar dichos gestos de arrepentimiento hacia el joven. Piensa que si no se encontrase en esa posición no actuaría de igual manera y nada le hubiera llevado a pensar lo que estaba haciendo anteriormente.
Mi opinión sobre el pensamiento del autor Primo Levi
Estoy de acuerdo con el en el hecho de que Simon no puede representar a todos los judíos del mundo en aquel instante aunque para Karl hubiera sido suficiente. También Simon no sentía la autodeterminación suficiente como para perdonar al moribundo por lo dicho anteriormente y entiendo que hay que tener cierta valentía para aferrarse a esas situaciones y actuar de la mejor manera. Y, tal vez, haber perdonado al moribundo podría haber generado mayor desconfianza en sigo mismo creyendo que hubiese sido en nombre de todo un conjunto de personas para nada minoritario.
Pero, sin embargo, estoy en desacuerdo con el autor, ya que pienso que Simon debería haberlo perdonado, sabiendo que nadie llegará a conocer nunca más de esta historia y hubiera saciado esa hambre de perdón perteneciente del moribundo que precisaba saciar con cualquier presencia judía viva sin escaso esfuerzo únicamente aceptando su disculpa. Pienso que a pesar de las malas acciones efectuadas en su momento por Karl, en ese momento, carecían de notable importancia y tuvo que haberle perdonado para terminar con su angustia, y aunque no fuese un perdón absoluto, le habría permitido descansar en paz al moribundo.
Personalmente creo que el arrepentimiento es uno de los puntos claves para llegar a conseguir el perdón, y que aunque su vida no sirviese de ejemplo universal se merecía ese derecho al perdón que creo que deberíamos tenerlo todos, ya que ninguno somos perfectos y todos nos equivocamos.
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ResponderEliminarEn mi opinión, estoy en total desacuerdo con su argumento. Karl no se merece este perdón. Como mi compañero ha dicho, todos tenemos el derecho a morir en paz, pero si cometes este error creo que no eres merecedor de eso. ¿De verdad es justo que alguien que ha hecho tal cosa muera en la misma paz que un hombre que se pasa la vida sufriendo que le maltraten, como es el caso de Simón? Desde mi punto de vista, no se merece la paz ni que nadie le perdone. Tendría que haber pensado en el remordimiento que después le habría conllevado. Por mucho que se arrepienta, el perdón no se da por ello. También pienso que si verdaderamente estuviera arrepentido, hubiese pedido el perdón de Simón mucho antes y no cuando se encuentra en el filo de la muerte. Creo que fue más por su bien propio, porque le convenía y con el perdón del judío se quería sentir mejor. Tal vez en otras ocasiones sí que vemos a personas arrepentidas, y claro que cometemos errores, nadie es perfecto, pero en esta ocasión, el error ha sido muy grande y el perdón ha superado su límite.
ResponderEliminarEstoy en desacuerdo con la opinión al respecto. Quizás haberle perdonado habría aliviado su propio arrepentimiento, sí, pero no deja de ser una causa egoísta. Karl tenía derecho a morir en paz como cualquier ser humano, sin embargo, está claro que por el simple hecho de ser un general nazi, tendría una tumba en condiciones a diferencia de judíos como Simon. Desde un principio, su última petición resultaba tanto absurda como egocéntrica, pues al final de su vida, arrepentido y moribundo, decidió buscar a un judío como tantos había matado antes para que le diese su perdón. Sinceramente, aunque Simon hubiese decidido perdonarle, habría sido para nada, pues al fin y al cabo, el perdón de una sola persona jamás podrá aliviar del todo la culpa de haber asesinado a miles de humanos como Karl y como Simon.
ResponderEliminarEstoy en desacuerdo con la opinión al respecto. Quizás haberle perdonado habría aliviado su propio arrepentimiento, sí, pero no deja de ser una causa egoísta. Karl tenía derecho a morir en paz como cualquier ser humano, sin embargo, está claro que por el simple hecho de ser un general nazi, tendría una tumba en condiciones a diferencia de judíos como Simon. Desde un principio, su última petición resultaba tanto absurda como egocéntrica, pues al final de su vida, arrepentido y moribundo, decidió buscar a un judío como tantos había matado antes para que le diese su perdón. Sinceramente, aunque Simon hubiese decidido perdonarle, habría sido para nada, pues al fin y al cabo, el perdón de una sola persona jamás podrá aliviar del todo la culpa de haber asesinado a miles de humanos como Karl y como Simon.
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ResponderEliminarEstoy totalmente en desacuerdo con tu opinión. En primer lugar, el soldado alemán no le pide perdón a los afectados por sus actos. En segundo lugar, si se hubiera arrepentido de su crimen antes y no cuando estaba apunto de morir, habría tenido la oportunidad de sentir el poder purificador de arrepentimiento afrontando la misma situación y actuando de forma diferente. Y finalmente, como bien dices, todo el mundo tiene derecho al perdón ya que somos humanos y nos equivocamos, pero si quería morir sintiéndose perdonado, debería haberse dicho a sí mismo que lo que hizo estuvo mal, ya que ningún judío se lo merecía, que se avergüenza de sí mismo por su comportamiento, ... Y si Dios eligió concederle el milagro del perdón, debería sentir que expulsó al nazi de su interior al igual que nuestro cuerpo expulsa un objeto extraño, algo que no es parte de nosotros, y moriría siendo una persona diferente a la que fue.
ResponderEliminarNo estoy de acuerdo con esta opinión ya que después de todo el daño que este hombre ha hecho mientras vivía no merece ser perdonado.Las acciones tienen unas consecuencias y una vez hechos los actos hay que asumir estas . Aunque estoy de acuerdo en que todos deben morir en paz este hombre también podía arrepentirse antes ya que ahora parece que solo se arrepiente por que se acerca la hora de su muerte y no es justo perdonar a alguien que realmente no esta arrepentido.
ResponderEliminarYo sí estoy de acuerdo con esta opinión porque también pienso que quien se arrepiente de verdad se merece el perdón y una segunda oportunidad aunque el soldado alemán en este caso no pudiera tenerla. Nadie es ejemplo en esta vida y todos cometemos errores. Al igual que mi compañero yo le daría el derecho del perdón ya que también tuvo el valor de pedirlo y arrepentirse,cosa que otros soldados alemanes ni siquiera hicieron.
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